Hay consenso general entre los diversos autores en que las raíces del comportamiento humano se encuentran en las etapas más tempranas de la vida. Y más aun tratándose del tema de la comunicación, ese intercambio de estímulos verbales y no verbales entre dos o más individuos, cuando aplicamos los patrones básicos de relacionarnos aprendidos en la infancia y que repetimos, a veces sin darnos cuenta, en nuestra cotidianidad. La situación puede llegar a convertirse en crítica cuando se trata de la relación de pareja, pues en ella hay muchos aspectos involucrados en el diario compartir.
A diferencia de las relaciones laborales, sociales, familiares y demás, en donde sólo se comparten algunos aspectos de nuestra personalidad, en la relación de pareja se involucran todos los aspectos de la vida: se comparten por lo general, proyectos de vida, familiares de cada uno, economía, sexualidad, intimidad, diversión, convivencia, salud, enfermedad, hijos, mascotas, entre muchos más.
De acuerdo con los patrones de comunicación aprendidos, la relación de pareja puede ser el escenario donde podamos desarrollar y sentir la felicidad, entendida como el despliegue de nuestros dones y virtudes que faciliten nuestra evolución, o puede convertirse en un escenario de sufrimiento, frustración, rabia y poca evolución.
La buena noticia es que todos podemos cambiar viejos hábitos y patrones de crianza si nos decidimos a explorar las causas de nuestro dolor escondidas en el fondo de la personalidad. Siempre tenemos opciones tanto para sentirnos bien como para sentirnos mal. Podemos darnos cuenta, por ejemplo, que el lenguaje que va más allá de las palabras juega un papel fundamental para que la comunicación se desarrolle de una forma o de la otra, pues la comunicación es algo más que el lenguaje. Las relaciones amorosas que producen bienestar y elevan la autoestima, involucran no sólo palabras, también incluyen besos, miradas, gestos, posturas, actitudes, regalos, entre otros, de manera no verbal. De la misma manera, las relaciones frustrantes y dolorosas, involucran gestos, tonos de voz y silencios que causan dolor, hacen daño y contribuyen a bajar la autoestima.
